jueves, 25 de abril de 2013

Crisis del Petróleo




El shock petrolero del 73, punto final de la edad de oro capitalista


El abandono del patrón oro y la invasión de petrodólares marcaron la década. Fue el renacimiento de la ortodoxia.

Por Jorgelina Hiba / La Capital

La crisis petrolera que estalló en 1973 fue el primer gran sacudón capitalista de la posguerra, y el inicio del fin de las tres décadas "gloriosas" que supieron construir en Europa las bases del Estado de Bienestar, que garantizaba cobertura social a todos sus ciudadanos y le otorgaba un lugar preponderante a las políticas públicas en la organización y la ejecución de la vida económica de las naciones.
Detrás de ese telón de fuerte crecimiento que decoró las décadas de los '50, los '60 y parte de los '70 del siglo pasado -los "Treinta Gloriosos"-, asomaba sin embargo un paisaje de excesiva liquidez y especulación financiera que se convertiría, con los años, en una verdadera marca de los tiempos durante el cambio de milenio.
A principios de los años '70, el entramado financiero mundial pasó de la escasez de dólares que caracterizó a los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, a una abundancia de billetes verdes creada tanto por los déficits comerciales como por la constante salida de capitales de Estados Unidos.
Pero aparte del flujo excesivo de liquidez, la caída de la tasa de ganancia de las empresas occidentales -medida respecto a los astronómicos beneficios obtenidos antes- funcionó como otro gran disparador de la crisis, que luego se tradujo en duras consecuencias sobre los niveles de empleo y el rango de las protecciones sociales, que comenzaron a ser cuestionadas con severidad.
En lenguaje de fechas, tanto el abandono del patrón oro por parte de Estados Unidos en 1971, como la invasión de petrodólares de 1973 (que hicieron explotar las monumentales deudas externas de los países periféricos), funcionan como condensadores de los procesos que ocurrieron en el seno de las economías centrales.
También, y como ha ocurrido cada vez que alguna gran crisis asoma, fue el momento de un cambio en el paradigma dominante a nivel teórico, ya que los años dulces del keynesianismo de la posguerra cedieron ante las presiones de una revolución conservadora liderada por el tatcherismo en Gran Bretaña y el reagenismo en la gran potencia mundial.
1973 puede funcionar entonces como la fecha de nacimiento del neoliberalismo, doctrina que marcó el último cuarto de siglo y que busca, en la actualidad, la manera de esquivar su propio pozo negro.
Causas y efectos. El fin de la Segunda Guerra Mundial dejó un mundo devastado con un continente entero destruido, y un nuevo líder en el orden geopolítico internacional: Estados Unidos.
La nueva potencia fue el motor y el director de la expansión económica que siguió al final de la guerra, y el gran generador de los capitales que sirvieron para volver a levantar los edificios reales y simbólicos de toda Europa.
Según Mario Rapoport y Noemí Brenta, autores de "Las grandes crisis del capitalismo contemporáneo", la expansión económica de posguerra "implicó una nueva etapa de auge del capitalismo en las economías avanzadas", con altas tasas promedio de crecimiento (cerca del 5 por ciento anual para los países de la Ocde, con picos de 10 por ciento para Japón), plena ocupación, moderados índices de inflación y ninguna crisis a nivel mundial.
Fue la edad de oro del capitalismo moderno, lo que los cientistas políticos franceses denominaron "Les trente Glorieuses", o los Treinta Gloriosos.
Sin embargo, sobre el filo de los '70, comenzó a asomar un proceso de "estanflación" fogoneado, por el lado de la producción, por un decrecimiento de la tasa de ganancia debido a múltiples factores que incluyeron los mayores salarios, el incremento de la relación capital-producto, y un incremento de ganancias que no logró aumentar la demanda efectiva.
En ese punto comenzó a consolidarse un círculo vicioso de menor productividad, menor consumo, menores ganancias, menor inversión, y menores salarios.
A la par, todos los países occidentales entraron en procesos inflacionarios relacionados con la mayor liquidez mundial, que llegó a su vez en parte como resultado de la crisis del sistema de Bretton Woods.
El brusco cambio en el sistema monetario internacional comenzó a gestarse ya en los años '60 con el resquebrajamiento del dolar y el fortalecimiento en paralelo de las monedas europeas y del yen japonés, como consecuencia de las mejoras en la competitividad de sus economías.
En agosto de 1971 el presidente de EEUU, Richard Nixon, decidió suspender la convertibilidad del dolar frente al oro, lo que en realidad desarmaba todo el sistema monetario puesto en pie después de la Segunda Guerra.
La tasa de ganancia, por su lado, se redujo también por un combo de factores que incluyeron algunos gastos monumentales como la Guerra de Vietnam y la carrera espacial; y el auge del poder sindical y de los movimientos sociales, que lucharon para defender salarios altos, lo que según los especialistas empeoró el círculo inflacionario.
Por último, se trató de una época rica en innovaciones tecnológicas que también se caracterizó por una mayor interrelación de las esferas comerciales, financieras y productivas, todo bajo la hegemonía económica, política y estratégica de Estados Unidos.
Los petrodólares y la deuda. El shock petrolero de 1973, que se tradujo en un fenomenal aumento de los precios de los combustibles y en fuertes restricciones para su consumo, tiene su punto de origen en la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) en 1960
Ese organismo fue creado por las grandes naciones productoras, sobre todo las del Golfo Pérsico, como una respuesta a la baja del precio del crudo que imponían las potencias centrales a través de sus empresas petrolíferas.
Ante esta situación la Opep decidió aumentar el precio del barril de petróleo crudo de tal forma que, mientras en 1970 costaba 2,53 dólares, a fines de los años 80 costaba 41, y hoy roza los 100.
El aumento, concentrado en el año 1973, produjo hondas consecuencias en las economías de los países industrializados, que dependían de su importación.
También hay que mencionar el efecto político de la guerra de Yom Kippur, ya que la Opep y algunos aliados árabes establecieron un embargo de los envíos de crudo hacia Occidente, sobre todo a Estados Unidos y Holanda, lo que encareció de manera casi inmediata los precios.
A la par, los países productores aumentaron considerablemente sus ganancias y exportaron capital al sistema financiero occidental, que comenzó a ofrecer préstamos a granel, sobre todo a los países de la periferia.
Así, la mayoría de las naciones en vías de desarrollo se endeudaron, un proceso que estalló cuando México declaró la imposibilidad de pagar sus créditos en 1980.
El fin del Estado de Bienestar. Frente a la crisis, desde los círculos políticos conservadores se empezaron a cuestionar las ideas keynesianas de intervencionismo estatal, y se comenzó a minar teórica y prácticamente el funcionamiento del Estado de Bienestar.
Según sus críticos, el Estado gastaba demasiado y era eso lo que generaba la crisis, por lo tanto había que reducirlo. Neoliberales o neoconservadores decían que el aumento de las ganancias era el único motor de la economía, y por lo tanto se debían reducir los costos volviendo al liberalismo tradicional con la reducción del Estado, la disminución de los salarios y la eliminación de los puestos de trabajo innecesarios.
En ese contexto, los países centrales, con Washington y Londres a la cabeza, reorientaron sus políticas fiscales y monetarias para disminuir o cortar los beneficios del Estado de Bienestar.
Respecto al caso británico, el historiador Eric Hobsbawm, en su libro "Años interesantes, una vida en el siglo XX", destaca "el avance ideológico de la creencia tatcherista de que la única forma de gestionar los asuntos públicos y privados de un país era mediante hombres de negocios con expectativas y métodos propios del mundo empresarial".
Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías y las políticas de flexibilización laboral empezaron a expandirse por todo el mundo, por lo que muchas empresas transnacionales cerraron sus establecimientos en sus países de origen para dar comienzo a la "deslocalización", o sea la implantación en otros países con mano de obra más barata y leyes más laxas.
En los '80, el neoliberalismo tuvo su propia biblia con el Consenso de Washington, doctrina que fue aplicada por la totalidad de los países sudamericanos durante la última década del siglo pasado. La ortodoxia había vuelto al subir al podio.



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