domingo, 28 de abril de 2013

Deslocalizacion


China: Empresas occidentales empiezan a repatriar la producción

Un tercio de las compañías norteamericanas presentes en China y con beneficios anuales de más de mil millones de dólares, está planeando devolver las fábricas a EE.UU.

ÁLVARO ROJAS

la línea de montaje de dispositivos Apple se activa en un santiamén. La legión de 8.000 operarios se despierta a media noche, toma una taza de té y un bizcocho, y en media hora está lista para colocar los vidrios de pantalla a decenas de miles de unidades de un nuevo modelo de iPad.
Así sucede en China, y es ese el mayor deseo de cualquier empresario: la posibilidad de contar, de un golpe, con los brazos suficientes para asimilar cualquier pedido. De esa agilidad depende la más rápida colocación de un artículo en el mercado, en cantidades suficientes para satisfacer la demanda de millones de potenciales consumidores.
Esa aspiración, en las tres últimas décadas, se ha hecho realidad cotidiana en el país asiático, que cuenta con una disponibilidad de fuerza laboral a tiempo y a destiempo (difícilmente una cama en un dormitorio colectivo, una taza de té y un bizcocho tengan atractivo suficiente para enlistar a 8 000 obreros estadounidenses, belgas o japoneses en una planta de ensamblaje), unos costos salariales muy bajos (solo el 2% del precio de venta de un iPad se destina a pagar sueldos chinos), y un mercado interno de 1.300 millones de personas.
Tal vez por esa razón, el finado Steve Jobs, fundador de Apple, no dudó en contestar al presidente estadounidense Barack Obama, durante una cena en 2011, que los puestos de trabajo que mantiene la compañía en el gigante asiático no regresarían “jamás” a suelo norteamericano.

China ya no es tan barata

La cautela aconseja, no obstante, aquello de “nunca digas nunca”. Una fuente del Boston Consulting Group aseguraba en abril pasado que cerca de un tercio de las compañías norteamericanas presentes en China y con beneficios anuales de más de mil millones de dólares, está planeando devolver las fábricas a EE.UU., lo que podría significar entre dos y tres millones de nuevos puestos de trabajo.
El Nexus Q Home Media Player es un artilugio desarrollado por Google para conectar inalámbricamente a Internet el sistema de TV o sonido de un hogar, lo que permite descargar audio y video de la red. Los ingenieros que han creado el utensilio, dotado de un microprocesador similar al de los smartphones y siete circuitos impresos, han confesado que han podido encontrar la casi totalidad de los componentes en fábricas de EE.UU. Y la planta donde se han ensamblado queda a solo 15 minutos en coche de la sede de Google.
El Nexus Q Home Media Player es un artilugio desarrollado por Google para conectar inalámbricamente a Internet el sistema de TV o sonido de un hogar, lo que permite descargar audio y video de la red. Los ingenieros que han creado el utensilio, dotado de un microprocesador similar al de los smartphones y siete circuitos impresos, han confesado que han podido encontrar la casi totalidad de los componentes en fábricas de EE.UU. Y la planta donde se han ensamblado queda a solo 15 minutos en coche de la sede de Google.
Las compañías Chesapeake Bay Candle y Peerles AV han tomado nota. Según The Economist, la primera solía embarcar en China, con destino a EE.UU., cargamentos de sus hermosas velas. Más tarde, cuando Washington decidió subir los aranceles a los productos fabricados en el gigante asiático, la empresa comenzó a producirlas en Vietnam. Pero en junio de 2011 abrió una fábrica altamente automatizada en Maryland. Además de por el incremento de los costos de producción en Asia y el encarecimiento del transporte, la empresa explicó que contar con un centro de investigaciones y desarrollo en esa instalación le permitiría responder con mayor agilidad a las nuevas tendencias.
Las compañías Chesapeake Bay Candle y Peerles AV han tomado nota. Según The Economist, la primera solía embarcar en China, con destino a EE.UU., cargamentos de sus hermosas velas. Más tarde, cuando Washington decidió subir los aranceles a los productos fabricados en el gigante asiático, la empresa comenzó a producirlas en Vietnam. Pero en junio de 2011 abrió una fábrica altamente automatizada en Maryland. Además de por el incremento de los costos de producción en Asia y el encarecimiento del transporte, la empresa explicó que contar con un centro de investigaciones y desarrollo en esa instalación le permitiría responder con mayor agilidad a las nuevas tendencias.
Las perspectivas, traducidas en porcentajes, vienen a apuntalar lo que hasta ahora parece una tendencia en ciernes. Una encuesta dada a conocer en marzo por la Cámara de Comercio Estadounidense en China (AmCham), arrojó que un 75% de las compañías norteamericanas esperan que sus negocios en el país asiático crezcan a un ritmo más lento durante 2012, ante el mencionado aumento en los costos de operación.
Las perspectivas, traducidas en porcentajes, vienen a apuntalar lo que hasta ahora parece una tendencia en ciernes. Una encuesta dada a conocer en marzo por la Cámara de Comercio Estadounidense en China (AmCham), arrojó que un 75% de las compañías norteamericanas esperan que sus negocios en el país asiático crezcan a un ritmo más lento durante 2012, ante el mencionado aumento en los costos de operación.
“Cuando se pagaban 58 centavos por hora, retornar las fábricas era imposible, pero a tres o seis dólares, que es el nivel actual de los salarios en la China costera, cambian todas las variables de la ecuación”, informó Harold L. Sirkin, ejecutivo de la empresa consultora.
Ello era de esperar, y es justo: con la prosperidad evidente ante sus ojos, los trabajadores chinos quieren ver aumentadas sus pagas, acortados sus abusivos horarios laborales, y recibir algunos otros beneficios, a semejanza de los que exigieron en su momento los obreros taiwaneses, surcoreanos y japoneses. Y es una de las causas por las que, según The Economist, los costos laborales se han ido incrementando a razón de un 20% anual.
No es este, sin embargo, el único factor que está haciendo pensar a los empresarios norteamericanos en volver a casa.

EEUU: un alto potencial productivo

Precisamente lo contrario –la dificultad para tener a mano todas las partes integrantes de un producto– es lo que había convencido a muchos de ir a acoplar sus artículos a China, donde existe toda una red de plantas suministradoras en torno a gigantescos centros de ensamblaje como el de Foxconn, en Shenzhen. Allí, con 230 000 empleados distribuidos en turnos de 12 horas, por seis días a la semana, cualquier proceso es muy rápido. Además, la posibilidad de reunir 8 700 ingenieros industriales para dirigir a ese volumen de trabajadores –según Apple, ello tomaría no menos de nueve meses en EE.UU.– indujo a compañías como Amazon, Dell, Hewlett-Packard, Motorola, Nintendo, Nokia, Samsung y Sony, entre otras, a optar por utilizar las ventajas chinas.
Ahora bien, según analistas, EE.UU. posee aún un formidable potencial productivo, y los mismos beneficios monetarios que ha alcanzado China en su producción industrial los ha obtenido EE.UU. con la décima parte de la fuerza laboral con que lo ha hecho aquella.
Además de este aspecto a favor, otros criterios pueden estar persuadiendo a los que, como Steve Jobs, un día se declararon orgullosos del made in USA y una semana más tarde plantaron sus empresas en el sureste chino. El alza en los precios de la energía y el transporte, el riesgo del robo de la propiedad intelectual, y la ventaja de que los directivos estadounidenses del proceso industrial puedan desplazarse rápidamente a las instalaciones fabriles –no en vuelos de 16 horas–, funcionan como excelentes argumentos.

El transporte se encarece

En el caso de Peerles AV, que produce soportes metálicos para todo tipo de equipos de TV, la empresa se marchó a China en 2002 en busca de sustituir sus producciones de acero por las de aluminio. Cuando las ventas de televisores de pantalla plana se incrementó,Peerles comenzó a encontrar por todo el mundo copias falsificadas de sus productos. Ello convenció a sus directivos de que había llegado la hora de regresar a EE.UU.
Además, según el presidente de la compañía, Mike Campagna, “el costo total de fabricar en China no es tan económico como parece ser”, toda vez que ascendieron los costos de transporte marítimo, los contenedores eran caros, y había que mantener ciertas cantidades de productos en ambos países, lo que dificultaba reaccionar ante las exigencias del mercado. Un cambio de diseño podía tomar seis meses para ser implementado. Ahora, en EEUU, solo un par de semanas.

Atrayente, pero menos

Según el sondeo, el 82% de las empresas dijo que tales incrementos han dificultado la operación de sus negocios, mientras que el 89% considera que esto daña la ventaja competitiva del país.
Asimismo, aunque la estrategia “en China para China” (la producción de bienes y servicios para el enorme mercado local) sigue marcando pauta, los empresarios norteamericanos han rebajado sus expectativas, y solo el 20% aseguró que ese país continuará siendo el mejor destino de su inversión, frente a un 31% que así lo calificó en 2011.
Como se observa, los datos aún no dan para sentencias concluyentes en el tema, pero en cierto sentido sí que están anunciando un viraje. De que EE.UU. invierta más recursos en la superación profesional de sus ingenieros –tal fue la condición expresa de Jobs a Obama–, y de que cree redes de suministro más rápidas y cercanas a los centros de innovación tecnológica, dependerá que la subida del listón en China se transforme o no en una nueva oportunidad en la orilla este del Pacífico.

Fuente: http://www.eldiarioexterior.com/china-empresas-occidentales-empiezan-a-41090.htm

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