jueves, 1 de agosto de 2013

Desalinización de agua: Investigación para mejorar los métodos


Científicos de Santa Fe desarrollan modelos matemáticos para que los procesos de purificación sean más efectivos y requieran menos energía. Qué se hace en nuestro país.

Las investigaciones orientadas a la desalinización o desalación del agua -eliminación de las sales- comenzaron en nuestro país en la década de 1980, luego de que se planteara la posibilidad de instalar una planta en la ciudad de Camarones, Chubut. Un grupo de científicos del Instituto de Desarrollo y Diseño (INGAR-CONICET) de Santa Fe, comenzó a estudiar el tema y arribó a interesantes conclusiones que se publicaron en revistas científicas.

Aunque el proyecto inicial fue desestimado, el equipo no abandonó sus experimentos luego de comprobar que la temática despertaba gran interés mundial. De hecho, fue un organismo de agua de los Emiratos Árabes el que los contactó y apoyó para que continúen sus investigaciones.

Con el tiempo, estos científicos se fueron especializando en la optimización de los métodos de tratamiento de agua. Su área de trabajo es la ingeniería de procesos, que consiste en el desarrollo de modelos matemáticos que representan los fenómenos físicos que ocurren en distintos procesos. “Diseñamos mejoras para que las técnicas de desalación que se utilizan actualmente sean cada vez más efectivas, es decir, den mejores resultados con menos costo y gasto de energía. A veces, una pequeña mejora significa un enorme ahorro de dinero y recursos”, explica Pío Aguirre, investigador del CONICET en el INGAR.

La desalinización de agua se convierte en una opción cuando las posibilidades de obtención de agua dulce se ven reducidas. Esto sucede a nivel global debido al crecimiento de la población, que lleva a un aumento de la demanda de agua para consumo humano, procesos industriales y riego, imposibles de concretar con aguas salobres, como la de mar.

Los procesos más extendidos son dos: por destilación o por ósmosis inversa (OI). En el primer caso, el agua se calienta –utilizando alguna fuente de energía- hasta evaporarse, y así se obtiene un vapor que, al ser condensado, resulta en agua libre de sales. Ese condensado es, incluso, “demasiado” puro, tanto que con frecuencia es necesario agregarle sales para que sea apto para consumo humano. En el segundo caso, el agua pasa a través de una membrana que, a modo de filtro, retiene las sales, en un mecanismo que se puede regular según se quieran separar algunos compuestos y dejar otros.

“Cada aplicación tiene sus propias características. Para consumo humano se separan sales naturales que pueden ser contaminantes, como arsénico, plomo o cromo. Hay otras sales comunes que, si bien no tienen efectos nocivos a la salud, son dañinas para ciertos procesos industriales, porque producen sarro en los circuitos de distribución”, señala Aguirre.

Acuífero o mar

“Las provincias de noroeste argentino tienen zonas secas en donde la falta de agua es un problema. Pero también Mendoza, Córdoba, Río Negro y en general toda la Patagonia”, señala el investigador, y agrega que puede suceder que no haya posibilidades de perforación de suelo, o los acuíferos -las aguas subterráneas- estén alejados, o tengan un límite de extracción que “si se supera, produce una salinización, es decir, la migración de sales naturales en el cauce de agua”.

“Muchas ciudades argentinas tienen una planta de OI, el método más utilizado en el país, por ser apropiado para poblaciones no muy grandes. Aquí prácticamente no se desaliniza agua de mar, algo frecuente en países árabes, en la costa oeste de Estados Unidos, y algunos sitios que rodean el mar Mediterráneo”, detalla Aguirre.


Desde el Centro de Aplicaciones Informáticas y Modelado en Ingeniería (Universidad Tecnológica Nacional regional Rosario), Nicolás Scenna es otro investigador del CONICET dedicado a desalación de agua en nuestro país. En su caso, trabaja junto con expertos del INGAR en la búsqueda de procesos sustentables de producción de agua acoplados a un sistema energético, sin emisión de gases de efecto invernadero (GEI) gracias a un mecanismo para capturarlo. La búsqueda se orienta a lograr la integración de tres procesos: tratamiento de agua, generación eléctrica y reducción de la contaminación.

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